Arte y Destrucción, una vinculación eterna en la #EDLA16

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Arte y destrucción es uno de los siete cursos de la Escuela de las Artes 2016 (#EDLA16), que más allá de proponer una temática preestablecida y regulada, invita al alumno al planteamiento crítico y a la reflexión a partir de una premisa sencilla: la fuerte conexión existente entre todas las disciplinas artísticas y aquello ligado al proceso de destrucción en todas sus formas.

La idea es que los alumnos tomen contacto con expertos en áreas tan diversas como la filosofía, la arquitectura, el psicoanálisis, la comunicación audiovisual, la literatura… con el fin de explorar estas conexiones y alcanzar un debate rico en torno a ellas. «Hemos invitado —prosigue Sánchez Usanos— a profesores, artistas e investigadores de diversos ámbitos con la idea de que hablen a partir de su experiencia. Hay una gran variedad de planteamientos: desde la presencia del deseo, la culpa y la vergüenza en películas contemporáneas, la relación entre destrucción y autor en el cómic o la desaparición del público; asimismo, se explora el tratamiento de la violencia en la fotografía  o ciertas paradojas relacionadas con la arquitectura y el arte actual. Entre los ponentes hay profesores de universidad, videoartistas y escritoras. Hay un hilo conductor y los debates prometen ser muy interesantes».

Una reflexión en torno a los términos arte y destrucción podría hacernos pensar que no podría existir uno sin el otro. «A veces —explica Sánchez Usanos— las guerras o los incendios a gran escala en las ciudades han supuesto un empuje definitivo a planteamientos artísticos y arquitectónicos (pienso en la gran reconstrucción de Chicago tras el incendio de 1871). Pero, si vamos más allá de esta relación material entre arte y destrucción, podríamos decir que cualquier hecho artístico implica un posicionamiento respecto a la tradición que le precede y al marco social e institucional que lo sanciona, ese posicionamiento plantea algún tipo de cuestionamiento y crítica ―algo que ya podríamos interpretar como cierta destrucción― cuando no un enfrentamiento abierto; a lo largo de la historia esta relación destructiva con la tradición se ha producido con intensidad desigual, pero resulta muy complicado pensar períodos tan fecundos como pueden ser el Romanticismo o las vanguardias sin acudir a la idea de destrucción casi de un modo explícito».

Una destrucción visible no sólo en el arte, sino también en la política o en la religión, como apunta: «No creo que la religión ni la política puedan prescindir de la destrucción, tampoco en los últimos tiempos. De hecho, creo que podría ser más fecundo plantearnos las intersecciones o interferencias que se dan ―que se siguen dando― entre estos ámbitos (arte, política, religión, por qué no economía…) a partir de la idea de destrucción».

No se trata tanto de arte como del pensamiento que se genera en torno a él y de cómo se pueden establecer vínculos entre éste y las cosas que suceden alrededor. «Puede asistir todo aquel que esté interesado en estas cuestiones, con independencia de la formación reglada que tenga. No pedimos ninguna titulación ni exigimos ningún carnet, nos basta con que haya pasión e interés por el pensamiento», concluye Sánchez Usanos.

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